lunes, 17 de marzo de 2008

¿Lanzarote sin hoteles?


La playa del Papagayo, uno de los tesoros naturales de las Canarias. Así titula la revista Hola un reportaje sobre este paraíso turístico del sur de Lanzarote. Nada que objetar a un playazo de siete kilómetros segmentado en varias ensenadas de roquedos basálticos, arena blanca, transparencia azul y el recuerdo de aquella ciudad, San Marcial del Rubicón, que la leyenda sitúa como la primera capital del Atlántico sur.

Lo que debe invitarnos a la reflexión es el segundo párrafo del artículo. «En este entorno, ni un hotel ni una urbanización a la vista, tan sólo los bañistas y las embarcaciones de recreo que navegan rumbo al islote de Lobos o en dirección al estrecho de la Bocayna, límite entre Lanzarote y Fuerteventura». Idílico, ¿verdad?

Ni un hotel a la vista. Qué emoción. Y qué pena el observar cómo ha calado en el subconsciente colectivo la deyección paisajística provocada por los hoteles en nuestro litoral. Como si el hotel y el entorno natural no fueran dos elementos de la misma ecuación. Tuve ese pensamiento hace unos años cuando regresé de noche a la Acrópolis ateniense y contemplé la silueta renovada del Partenón, más resplandeciente de lo que estaba en mi primera visita a la capital griega. Si en lugar de aquel templo helénico me hubiera encontrado un Marina d'Or...

Pues igual digo de nuestro litoral mediterráneo. Si en lugar de hoteles tan masificados y horteras se hubieran levantado catedrales de la buena vida y mejor estética, resorts oxigenados o alojamientos con encanto, templos lúdicos, arquitecturas del paisaje... Mejoraría nuestra opinión sobre lo que es un hotel y lo tildaríamos de paraíso como la revista Hola hace con la costa lanzaroteña de Papagayo. Por ahora.

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