lunes, 1 de enero de 2007

El año de Rumanía y Bulgaria



Dos nuevos países se acaban de incorporar a la Unión Europea: Bulgaria y Rumanía. En los tristes años de la dictadura del proletariado, cuando la principal razón de estado era la molturación de atletas con esteroides para fines propagandísticos, ambas naciones satélites de la Rusia soviética gozaban de un turismo incipiente que atraía fundamentalmente a los europeos del Este y a los mediterráneos menos prósperos, españoles entre ellos. En vuelos chárter, legiones de compatriotas poblaban durante los meses de verano las orillas del mar Negro, cuyo florecimiento turístico amenazaba la complacida industria de Benidorm, Torremolinos, Gandía, Mallorca, Playa de las Américas y otros destinos consolidados de nuestras costas peninsulares.

Un día amanecimos sin muro en Berlín y, en lugar de la porcelánica Nadia Comaneci, la retina se nos llenó de sangre, pólvora y lodo con los cuerpos del matrimonio Ceaucescu despanzurrados en una ciénaga. Cayó el mito que divinizaba a las clases obreras en el paraíso del turismo de masas. Desde entonces, polvo, sudor y hierro en el mar Negro.

Mañana, el bolsillo de Bruselas devolverá la primavera al país de las mil flores y Drácula saldrá del ataúd sin la estaca clavada en su tercer espacio intercostal. El turismo favorecerá la apertura de estos dos países al mundo y sus hoteles recuperarán su utilidad económica y cultural. Allí, como antes aquí, habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra mejor preparada para la modernidad. La ciudadanía europea sigue ensanchando sus fronteras.

Bienvenidas, Bulgaria y Rumanía, al continente de la libertad.

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